Antes de mirar hacia delante, necesito detenerme un momento para agradecer. A todas esas personas que habéis estado cerca durante 2025 —en silencio o en presencia—, sosteniendo, escuchando, acompañando en procesos que no siempre se ven. Gracias de verdad.
2025 no fue un año fácil ni lineal, pero sí profundamente transformador. Un año de volver al criterio propio y a la claridad. Vuestro apoyo fue el mayor regalo.
Entro en 2026 con menos ruido y más foco. Después de semanas de trabajo, he definido mis objetivos trimestre a trimestre, con la intención de revisarlos y afinarlos a finales de marzo.
Este no es «un año más». Es un año clave para la inteligencia artificial, el derecho y la forma en que queremos ejercer, crear y vivir. Un punto de inflexión que invita a posicionarse con criterio, ética y humanidad.
Por eso, comparto mi enfoque para el primer trimestre de 2026, que podría resumirse así:
NÚMERO 1 — Consolidación. Aterrizar lo aprendido. No se deja de aprender cuando la tecnología va tan deprisa. Seguir trabajando en la intersección entre el derecho y la tecnología, construyendo una base profesional coherente y sostenible.
NÚMERO 2 — Comunidad y vínculos. Los que me conocéis sabéis que me encanta participar en espacios, eventos y redes donde el diálogo sea real y el intercambio sea honesto. Menos exposición vacía y llena de ego y más conversaciones que aportan aprendizajes y colaboraciones con sentido.
NÚMERO 3 — Voz y creación: Escritura, reflexión y presencia. Dar forma —poco a poco— a un discurso: claro, humano y crítico, sobre derecho, tecnología, procesos personales y transformación.
Esta no es una estrategia cerrada, sino una invitación totalmente abierta. A conversar, a colaborar, a compartir miradas con personas que no quieren ser espectadoras del cambio, sino formar parte de él.
Si resuena contigo, aquí estoy. El camino se hace mejor acompañado. No dudes en ponerte en contacto conmigo.

